Significa arremeter contra alguien, con claros intereses sexuales de por medio. Proviene de las carreras de perros, generalmente protagonizada por canes de la raza que indica la frase. En ellas, todos los animales competidores están enjaulados, pero cuando se suelta una liebre (en la actualidad es eléctrica y corre por un costado de la pista) y se abren las compuertas que retienen a los perros, todos se lanzan locamente tras de la presa, como suelen hacerlo los hombres de poco tacto con las mujeres.
