Figura metafórica, muy argentina, a la que se apela para indicar que a alguien le construyen una realidad falsa, con el fin de no fastidiarlo o de sacarle una ventaja. Allá por 1930, estando Hipólito Irigoyen (1852-1933) al frente del poder ejecutivo nacional por segunda vez, ya maltrecho de salud y entrado en años, las cosas a su gobierno no le iban del todo bien. Ante tal situación, sus asesores más directos, con el objetivo de no preocupar al mandatario, hicieron imprimir un diario especial para el Presidente de la Nación. El mismo contenía una imagen de la Argentina que poco y nada tenía que ver con la realidad. Así, al cabo de su lectura cotidiana, Irigoyen comenzaba su día sin mayores preocupaciones.